Los nueve magníficos han llegado a Cortina d'Ampezzo, la ciudad super pija de los Kens y Barbies viejunos transalpinos, donde abundan los Porsches, Ferraris y Mayjaaarl de lujo, esta última una marca de coches muy hipster. Nuestro quinto día en Italia ha sido un día pasado por agua, desde primera hora, cuando recogíamos nuestras cosas en Colfosco, durante el traslado hasta Cortina por el Passo di Valparola y una vez en la ciudad, cuando paseábamos en busca de la tienda de bicis fantasma, o nos comíamos un gelatto al tiempo que revisábamos las reglas Velominati con nuestra cruda realidad globera.
Nuestro periplo italiano comenzó cuatro días atrás. Llegamos a la bota después de un viaje que habría dejado a Homero sin recursos. El embarque en el vuelo de Easyjet no se nos dio del todo mal. Facturamos las maletas sin contratiempos ni retrasos y partimos los ocho, a pesar de que Mr. Cerdeño y Mr. Encinas le quisieron poner emoción y jugaron al despiste hasta el último momento. Ya en Italia la cosa se torció, o mas bien, tomó el cauce habitual en todo viaje chamartinero. Al retraso de media hora en el vuelo se le unió el tiempo que perdimos recogiendo la furgoneta en Milán, a cincuenta kilómetros del aeropuerto. Mientras que parte del grupo arrasaba con las existencias de los bares del aeropuerto, unos pocos nos fuimos en bus a la estación de ferrocaril (Milan Centrale), en contra de la idea original de ir en taxi, pero el taxista jefe, un primo de Berlusconi, nos quería cobrar el trayecto y la fianza del presidente bunga bunga. La recogida de la furgoneta, muy al estilo italiano: una encargada ex-yonki en Amicoblu, una excursión en coche hacia el arrabal donde se encontraba la furgoneta, cuyas puertas no cierran.
De vuelta al aeropuerto, previo paseo por algunos bellísimos barrios periféricos de la ciudad de las gomas de borrar, recogimos a la tropa, las bicis y las maletas en Malpensa, con la intención de llegar hasta Colfosco a las 2 de la mañana 8-X. Decidimos parar a comer algo antes de atravesar Milán, en nuestro camino a las Dolomitas, unos bocadillos y unas bebidas, y eso sólo nos llevó una hora. El extraño encanto de aquel abrevadero y su ignominiosa lámpara de araña art decó no merecían menos. La intersección entre la autopista del aeropuerto y la que nos debía llevar a Verona estaba cortada, así que pudimos deleitarnos con otros tres cuartos de hora de visita guiada por la Milán. A las tres de la mañana aún no estábamos en Colfosco, sino perdidos en Verona. No fue hasta las cinco y media, cuando ya amanecía, que llegamos hasta este puto sitio. ¿Dormimos hasta las 12 y salimos a rodar a las 14? ¿Dormimos hasta las 13? No. "A las 10 todo cristo en pie" [Fin de la cita]. Palabra de robot, amén.
Y a las 10 que estábamos, bajo un sol de justicia, montando las bicicletas frente a los apartamentos Sainsom. Poco después comenzábamos la etapa, con la panza repleta de pasta y pizza, con una primera subida al Passo di Campolongo, en cuyas rampas ya se vio quiénes iban a repartir el bacalao y a quiénes les tocaban las raspas. En Arabba hicimos una parada técnica para reparar mi dirección. Después, ascenso al imprescindible Passo Pordoi, con sus curvas de herradura, que compartimos con el gentil tráfico rodado, compuesto por un buen número de gitanos que han cambiado la fragoneta cargá melones y cabras por monovolúmenes de gama media-alta. Aquí el más muerto de hambre calza un Volvo. En la cima, petada de gente, los cabrones de mis compañeros tenían pinta de haber subido de paseo, pero yo empezaba a ver en modo túnel. Tras las fotos en grupo, tocó bajar hasta el cruze con la subida al Passo Sella. Mucho calor durante esta penúltimas subida, que coronamos por encima de los 2.200 metros, con el tándem Silicon Valley-Colombia (Mr. Cerdeño-Mr. Herráez) en primer lugar. Las vistas desde el albergue situado en la cumbre, sencillamente impresionantes. Tan sólo nos quedaban la subida al Passo Gardena y el ínfernal muro de la Nutella o Lexatinberg desde la carretera hasta los apartamentos. Mientras yo dormía, unos hicieron la compra y otros prepararon la cena. La noche acabó con cervezas, una sesión de fotos del reportero Roldán, otra de música romántima de DJ Fuciños y una profunda conversación de cuescos, zurraspas, cougars con Z4 y otros temas del interés de tíos asilvestrados.
El miércoles la diana tocó a las siete y media de la mañana en Colfosco, o mas exactamente cuando al cap(b)o Fuciños se le antojó despertarnos a todos. Una hora después ya estábamos los nueve magníficos camino de La Villa, donde daba comienzo la ascensión al Passo di Valparola, un puerto largo pero duro. Una vez coronado, Mr. Cerdeño recibió una llamada que no traía buenas noticias de España. Como resultado, unas horas después tuvo que partir hacia el aeropuerto de Venecia para coger un vuelo hacia Madrid. Le esperamos de vuelta en un par de días.
La etapa continuó con un descenso hacia Caprile, lugar de comienzo del temible Passo Fedaia. Los galgos hicieron camino hacia la cima. Los lentos tuvimos nuestra recompensa, con la visita, pagada, al desfiladero de Sottoguda. Los últimos kilómetros de la Marmolada se me hicieron eternos. La bajada hasta Canazei, un trámite. Mr. Roldán se quedó en la cima retratando a los muchos chupacámaras presumidos del grupo. Después de almorzar en Canazei, subimos el Pordoi, una golosina a estas alturas de día, y el Campolongo desde Arabba. Para poder afrontar el Col de la Nutella con garantías, nos tomamos unas birras en el internet spot & bar de Colfosco. Al poco tiempo bajábamos nuevamente al pueblo para cenar y cerrar los vuelos de Mr. Cerdeño, que partió hacia Venecia de madrugada.
| Lei gagnani delle Pordoi |
El miércoles la diana tocó a las siete y media de la mañana en Colfosco, o mas exactamente cuando al cap(b)o Fuciños se le antojó despertarnos a todos. Una hora después ya estábamos los nueve magníficos camino de La Villa, donde daba comienzo la ascensión al Passo di Valparola, un puerto largo pero duro. Una vez coronado, Mr. Cerdeño recibió una llamada que no traía buenas noticias de España. Como resultado, unas horas después tuvo que partir hacia el aeropuerto de Venecia para coger un vuelo hacia Madrid. Le esperamos de vuelta en un par de días.
La etapa continuó con un descenso hacia Caprile, lugar de comienzo del temible Passo Fedaia. Los galgos hicieron camino hacia la cima. Los lentos tuvimos nuestra recompensa, con la visita, pagada, al desfiladero de Sottoguda. Los últimos kilómetros de la Marmolada se me hicieron eternos. La bajada hasta Canazei, un trámite. Mr. Roldán se quedó en la cima retratando a los muchos chupacámaras presumidos del grupo. Después de almorzar en Canazei, subimos el Pordoi, una golosina a estas alturas de día, y el Campolongo desde Arabba. Para poder afrontar el Col de la Nutella con garantías, nos tomamos unas birras en el internet spot & bar de Colfosco. Al poco tiempo bajábamos nuevamente al pueblo para cenar y cerrar los vuelos de Mr. Cerdeño, que partió hacia Venecia de madrugada.
La etapa del jueves incluía las subidas a los pasos de Furcia y Erbe. El primero, con unos 12 kilómetros de longitud y unos últimos 5 kilómetros criminales, comenzaba en la localida de Longega. Hasta allí fuimos a una media de 38 km/h., rodeados de los ya habituales conductores subnormales que tanto abundan por estos lares. Al no encontrar en la cima a la propietaria del Passo para que nos autografiase los gayumbos, decidimos desandar nuestros pasos y dirigirnos a San Martino di Marebbe, donde daba comienzo el largo Passo delle Erbe, a cuya cima llegamos molidos y a cuentagotas, todos y cada uno de nosotros, incluído Mr. Facio, que se tiró todo el día "amenazando" con no subir este puerto. Pronto empiezan estas plañideras a incordiar con sus quejidos lastimeros. Sólo tres días de puertos han minado la moral de ciertos componentes del grupo, que ya piensan en dedicar sus horas aquí a irse de compras y navegar por internet. Desde el Passo delle Erbe hasta Corvara, enfilados y haciendo afiladores. Un cielo negro como los cojones de un grillo nos acompañó en nuestras últimas pedaladas hacia nuestro destino, allende el Col de la Nutella.
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