lunes, 5 de agosto de 2013

El trabajo ennoblece

Ayer por la tarde, como si de un grupo de bien avenidos toxicómanos del Proyecto Hombre se tratase, los componentes de la expedición Dolomiti 2013 pasamos unas horas la mar de entretenidas entregados al bricolaje. Ocupando toda la acera frente a la Flor de la Dehesa, empresa que proporciona el jamón serrano rico rico para los momentos de necesidad allá en la Italia del prosciuto y que patrocina el maillot de lunares y vetas, desplegamos todo un arsenal para embalar las bicis: cajas, cintas de embalaje, bridas, cutter, tijeras, llaves allen, tablones de maderas, plástico de burbuja, poliestireno (polímero termoplástico que se obtiene de la polimerización del estireno [Fin de la cita]). 

Reinaron la camaradería y el buen humor, la solidaridad y el compañerismo, en una muestra más de la hipocresía que impera en el colectivo ciclista. En dos días nos estaremos sacando los ojos y disfrutando con los jadeos ajenos (encima de la bici, no seamos cerdos). 

Con trabajo duro se superan las adicciones
La técnica de empaquetado es bien sencilla: se desmontan sillín, pedales y cierres, se libera el manillar, se enchoriza el cuadro con protectores de tubos de fontanería, se protegen las piezas sensibles (cambios, manetas, etc.) con plástico de burbujas, poliestileno o cartones, se encinta todo muy bien, hasta darle la consistencia del hormigón armado y se mete en una caja de cartón, previamente recogida en una tienda de bicicletas. El resultado suele ser bueno, aunque siempre puede ser mejor usando el sistema patentado Fuciños Packaging System™.

Por último, partiendo de la premisa de que el personal del aeropuerto encargado del manejo del equipaje sabe leer y tiene conocimientos de inglés, se pegan en los laterales de las cajas carteles que avisan de lo delicado de su contenido. 


Con las bicis ya empaquetadas, salimos a rodar con el patinete amarillo (al fondo)

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