La etapa de hoy ha sido un mero trámite con sólo dos puertos relevantes, el Mortirolo por la vertiente menos suave de Mazzo di Valtellina y el Passo Gavia, que sobre el papel era mucho menos duro que el Stelvio ¿verdad Mr. Fuciños?
Iniciamos la marcha después de las diez, una vez que Mr. Encinas cambió el buje de su rueda trasera, que le dio problemas bajando el Stelvio el día anterior. Con esta estrategia, el Sr. Encinas se ha apoderado el Maillot de las Chamartinadas, por enésima vez. Desde Bormio hasta Mazzo di Valtellina, terreno continuamente descendente, propicio para reservar fuerzas. Había mucho miedo y hemos sido más amarrateguis que nunca. Ni siquiera nos pusimos a rueda de Ivan Santaromita, el flagrante campeón de Italia de profesionales, enrolado en el BMC, que nos adelantó poco después de salir de Bormio. Iba acompañado de un Saxo, que en principio pensamos que era contador, pero qué va. No tenía pinta de gustarle los solomillos de Irún. En Mazzo di Valtellina comenzaba el temible Mortirolo. Mr. Cerdeño puso el piloto automático y tomó la delantera. Por detrás, Mr. Fuciños, con el regulador de potencia en modo activo, el escalador Herráez y yo, reptando por rampas criminales del 14% en adelante. No me gustaba la compañía y me fuí en pos del androide, al que dí caza a mitad de la subida. Desde allí hasta la cima, jadear y dar chepazos fue lo único que hice. Fuimos coronando de a uno y a dos hasta completar el pack. Foto de rigor en el cartel del puerto, lleno de pegatinas y descenso hacia Monno, para comer pasta y pollo (un trozo contado para cada uno).
Viento favorable hacia Ponte di Legno, donde comenzaba la subida al Passo Gavia, otro puerto mítico (que se lo pregunten a los participantes del Giro 88), con sus 20 kilómetros de longitud y sus 2.650 metros de altitud. Sin olvidar las rampas puntuales del 16%, que tanto gustito dan cuando vas ya en reserva. Mr. Cerdeño, que no falla, llevó en volandas a Mr. Herráez y a un servidor, mientras que Mr. Fuciños prefería disfrutar del puerto en solitario. Los últimos kilómetros del puerto son lo siguiente a duros, con un asfalto rugoso, botoso y muy bacheado y unas rampas entre el 8% y el 9%. Arriba hacía un frío del carajo, así que nos metimos en un albergue a tomar un refrigerio (o un caldo caliente según gustos) y a forrarnos el pecho de periódicos, porque el descenso se preveía frío, como así fue. Con tiritones en las manos, aún tuvo tiempo nuestro reportero Mr. Roldán de retratar la laguna y el glaciar que se divisan desde la cima. Hasta Bormio, bajada contínua. Nuestros gritos de júbilo cada vez que el sol asomaba tras la montaña y nos bañaba la espalda se escuchaban desde Bormio hasta Sondrio.
Ya en esta populosa ciudad, reagrupación y acopio de fuerzas para la última dificultad del día, la subida al hotel en Ciuk. Poco más de cinco kilómetros de ascensión, pero un desnivel acunulado equivalente a las calorías de 3 cervezas Paulaner. Una vez duchados y emperifollados, nos proponemos a saldar ese déficit de calorías en el comedor del hotel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Pedalean con nosotros...