lunes, 12 de agosto de 2013

Tre Giau di Falzarego y El Puerto de Todos los Puertos

Vaya tappone el de ayer (sábado). Tres puertos a cada cual más duro. El pronóstico meteorológico era favorable, sol espléndido durante todo el día, pero nos despertamos y desayunamos con cielo cubierto y lluvia ligera. Estuvimos remoloneando en la puerta del hotel hasta que partimos de Cortina a las nueve y media, con dirección al Passo di Falzarego. Mr. Moscat nos quitó el frío del cuerpo en las primeras rampas de este puerto largo, con sus más de 14 kilómetros hasta la cima. El cielo comenzaba a abrir tímidamente cuando iniciamos el descenso. Hacía un frío de pelotas en la bajada, sobre todo en los tramos sombreados. Bostezando como leones nos reagrupamos en el desvío a la segunda dificultad del dia, el Passo Giau, pasando antes por un inofensivo col, que ofrecía unas vistas espléndidas de las Dolomitas y de los valles donde se encajan las localidades de Caprile y Alleghe. El sufrimiento durante los diez kilómetros de subida al Giau tuvo como recompensa una gran panorámica de 360º.

Después de almorzar en Pocol junto a un grupo de ciclistas transalpinos calzados con pepinacos (principalmente Pinarellos), bajamos hasta Cortina, donde comenzaba la ascensión final a las Tres Cimas de Lavaredo, con la subida previa a una golosina de 9 kilómetros, el Tre Croci. En la city perdimos a Mr. Fuciños, que fue a recoger agua al nacimiento del río Gere. Tras la enésima reagrupación comenzamos el ascenso al Passo Tre Croci. El sol hizo acto de presencia y mitigamos el calor en los tramos boscosos de la carretera. Durante la subida tuvimos un incidente con una furgoneta que nos adelantó guardando menos de medio metro de distancia de seguridad, cuyo conductor fue el sparring que pagó todas nuestras tensiones de días pasados. En la cima del Tre Croci ya nos habíamos dividido en dos grupos, que hicieron camino hacia el lago Musurina, un tranquilo y hermoso lugar de veraneo a los pies de la formidable subida a las Tres Cimas de Lavaredo, una colosal subida de unos seis kilómetros, donde los últimos cuatro tienen medias superiores al 13% y pendientes máximas del 19%. Meses atrás se impuso aquí, bajo la nieve, en un dantesco final de etapa de Giro, Vincenzo Nibali. Impresionantes vistas desde las Tres Cimas de los picos circundantes (varios tres miles ertenecientes al gruppo dei Cadini), del lago de Misurina, 700 metros más abajo, y de la localidad más importante de la región, Auronzo di Cadore.

Con el olor a zapata quemada retumbando en nuestras glándulas olfativas, alguno incluso con los dientes del plato grande lijados a la piedra (Mr. Facio) bajamos de forma chamartineramente desordenada hacia Cortina. Fuimos llegando al hotel, guapeándonos y saliendo de compras varias al Corte Inglés de aquí, entre Ana Belenes y Borja Maris, todos tán felices con sus cabellos tintados, sus pullovers a la espalda y los perros bien sujetos con correas de perlas. Volvimos a cenar en el 5 Torri, después de bebernos una pinta de buena cerveza sin filtrar, con la que brindamos por el trabajo bien hecho, y nos metimos en el sobre a descansar para la inminente cita con el Stelvio.

Hoy domingo tocaba traslado a Bormio. Lucía un cielo azul espléndido sobre Cortina cuando recogíamos las bicis y maletas y desayunábamos según el horario previsto. Todo un hito en la historía del club. Nos unimos a la caravana de domingueros que transitaban por las carreteras del Veneto con dirección a Brunico. De allí a Bressanone, Bolzano, Merano y finalmente Prato dello Stelvio, donde almorzamos en la residencia de verano del Conde Drácula, que en la actualidad regenta su tatarabuela Mildred la perfumada y que custodia un monstruoso enjambre de moscas devoradoras de espaguetis.

Aparcamos los coches a la puerta del restaurante, con las ristras de ajos colgando de los retrovisores, y nos echamos a la carretera. El reto que teníamos ante nosotros tenía por nombre Passo dello Stelvio. Con sus 48 tornanti (curvas de herradura), sus más de 26 kilómetros de longitud y sus 2760 metros de altitud, este es para muchos el Puerto de Todos los Puertos. Por otra parte, están las impresionantes vistas del glaciar del Stelvio, omnipresente durante la primera mitad de la subida y el famoso zigzag que son las curvas de los últimos 7 kilómetros, y que salvan una pared de 700 metros hasta la cima. En cuanto al desarrollo de la subida, tras unos primeros kilómetros en los que Mr. Fuciños y yo comandamos la grupeta de cabeza, Mr. Herráez tomó el relevo definitivo y puso su marcheta, llevándome en volandas hasta la Cima Coppi, que no le disputé. Velominati rules. Junto a las tiendas de souvenirs y demás timbas y puestos de feriantes nos reagrupamos antes de iniciar el descenso, el tándem Silicon Valley-Colombia hacia Bormio, el resto en sentido contrario, hacia Prato dello Stelvio. Había que recoger las cosas y seguir la marcha hacia nuestro hotel en Ciuk, donde los dos escaladores esperaban, como agua de mayo y con la toalla a la cintura, sus maletas. Cenamos tarde en el albergue, y más tarde aún nos fuimos a dormir, rodeados del silencio propio de una noche cualquiera en la montaña. 

P.D.: Hoy no hay fotos que acompañen esta entrada. Prometo publicar una entrada con un compendio de las mejores imágenes de la expedición, que probablemente coincida con los momentos de mayor degradación humana de sus integrantes. Hasta aquí puedo escribir.

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