Última etapa en biciceta del viaje a las Dolomitas. Subida al passo Foscagno, que separa las ciudades de Bormio y Livigno. A las 10 de la mañana, hora de la partida, sólo dos de nosotros nos vestimos de faena y nos lanzamos cuesta abajo hacia Bormio: Mr. Cerdeño, que aún tiene batería para rato, y el que suscribe.
El tiempo nos acompañó. Mañana soleada con nubes ocasionales y una temperatura ideal. La subida, de 22 kilómetros, con unos primeros 7 de falso llano, no es exigente, y tiene rampas máximas del 8%, pero tiene 13 kilómetros de ascenso continuado hasta la cima, a casi 2.300 metros de altitud. Tráfico muy denso y muchos grupos de ciclistas en esta subida ideal para entrenar, entre ellos Roman Kreuziger del Saxo y una nutrida representación del equipo Lampre, amén de otros cicloturistas y aficionados. Poco antes de la cima, se suceden una serie de túneles, que el conductor italiano sabe como cruzar causando el mayor peligro con el menor esfuerzo posible. Hicimos los últimos metros a plato grande, hasta coronar frente a la aduana suiza, tal y como establece Velominati. Al poco tiempo, de vueta a Bormio, detrás de una caravana, y algún que otro desgraciado, la mayor parte del tiempo.
![]() |
| Foscagno, un puerto suave no apto para gallinas |
En la ciudad nos juntamos con el resto de dolomíticos (por decir algo) para almorzar en el peculiar centro histórico de Bormio. Desde allí, cada mochuelo a su olivo. Ellos a reanudar sus compras y nosotros a regresar al hotel en bici. Mientras escribo estas líneas, Mr. Cerdeño aún sube a Bormio 2000. Yo ya no tengo gasolina para nada más que redactar estas líneas.
![]() |
| Bormio a vista de ciclista molido |


Qué poquito os va quedando...
ResponderEliminarBuen viaje de vuelta a casa.
Con ganas de verle, Sr. Blanco.